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El auge y la caída del Racing de París

Antes de la llegada de los jeques, París ya vivió el auge de un club que, de la noche a la mañana, pasó a codearse con los poderosos gracias a una inversión desproporcionada.

El Racing de París fue un proyecto del empresario Jean-Luc Lagardère, quien ya había tenido exitosos negocios en el mundo del automovilismo como CEO de Matra. Lagardère quiso, a golpe de talonario, convertir a un club de Segunda División en un gigante mundial.

El primero en llegar fue Rabah Madjer, uno de los jugadores más prometedores de aquel momento. El delantero marcó 20 goles en 27 partidos en la segunda categoría del futbol francés, y el Racing de París ascendió a Primera División rápidamente. El descenso la siguiente temporada fue un duro golpe y no sentó nada bien a Lagardère, cuyo nombre debía estar siempre asociado al éxito, y tras ascender de nuevo en la temporada 85-86, dio un puñetazo sobre la mesa, decidido a colocar a su club entre los más grandes de una vez por todas.

Así llegaron estrellas internacionales como Rubén Paz, Luis Fernandez, y sobre todo, el alemán Pierre Littbarski y del uruguayo Enzo Francescoli, a la postre ídolo de Zinedine Zidane. Estos fichajes sacudieron el mundo del fútbol, pero a pesar de contar con un equipo plagado de cracks, las expectativas generadas y la presión ejercida por el dueño pasaban factura. Los resultados no acababan de ser todo lo buenos que podría esperarse, y aunque de cara a la galería todo fuera de color de rosa, la realidad era bien distinta.

La estructura del Racing de París dejaba mucho que desear. Los campos de entrenamiento no estaban en buenas condiciones y la organización del club era nefasta. Ni siquiera la llegada al banquillo de Artur Jorge, vigente campeón de Europa, solucionaría la situación. La contratación de David Ginola, una de las perlas francesas, en 1988, fue el último intento de lograr dar brillo a un equipo a punto de implosionar. El enésimo fracaso en la liga, en la que se salvó del descenso de milagro, fue suficiente para Lagardère, que abandonó el barco al acabar la temporada.

Tras verde obligado a vender a todas sus estrellas, el Racing de Paris descendió en 1990 y no se ha vuelto a acercar a la élite. Actualmente milita en la quinta división del fútbol francés, alejado del glamour que de nuevo inunda al fútbol en París.


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